Justicia01.08.2017(0)
El Bronco rompe con Arenas e inicia una nueva etapa en su relación con el Poder Judicial
Milton Merlo (LPO, Monterrey)Negociaciones y contactos subterráneos. El factor Medina. Mendoza, un pragmático.

 Cuatro votos en contra tuvo la nominación de Francisco Mendoza Torres para ser electo finalmente titular del Poder Judicial de Nuevo León.  Todos esos votos vienen del grupo de Carlos Arenas, presidente saliente y que alineó contra Mendoza.

Mendoza es de Galeana y tiene conversación permanente con Jaime Rodríguez. La negativa del grupo de Arenas debe entenderse a partir de que la relación entre el gobernador y el magistrado fue de mayor a menor. Arenas sedujo al Bronco con la idea de un Poder Judicial más ordenado y menos sujeto a la operación de los partidos políticos.

El encandilamiento se fue apagando a medida fracasaban los intentos por atrapar a Medina. El entorno del gobernador fustigaba a Arenas y aseguraban que no se esforzaba lo suficiente. De hecho, al final la única excepción era el secretario de Gobierno Manuel González que suele desayunar con el magistrado de forma periódica.

Cuando a mediados de 2016 Arenas intentó ir al Tribunal Electoral de la Federación el Bronco respaldaba esa idea. Se creía que el gobernador intentaba asegurar un lugar en un organismo clave, especialmente para un independiente con aspiraciones presidenciales. En realidad, el mandatario ya quería fuera del Poder Judicial a Arenas. Ya en ese entonces comenzaba a hablar de Mendoza. Es lógico, ambos son del mismo pueblo y ambos comparten una historia de vida similar, con un origen dominado por privaciones de distinto tipo.

Arenas y su grupo votan en contra de Mendoza porque creen que no está en condiciones de seguir adelante con diferentes cruzadas enarboladas por Arenas, como por ejemplo limitar la contratación de familiares en los tribunales. A diferencia de Arenas, Mendoza ha sido hábil para relacionarse políticamente, dialoga con el gobernador pero también con alcaldes y con delegados de poderosos buffetes. Fernando Elizondo nunca lo quiso en la posición que ocupará desde mañana donde tiene otro crítico que todavía está en el gobierno: Jorge Arrambide, titular del Metrorrey y sumamente interesado en ubicar a un protegido suyo como fiscal general del Estado.

El movimiento a favor de Mendoza hay que entenderlo como una ventaja para el gobernador pero también para otros actores que prefieren el segundo plano. Es un hombre que prefiere más el fondo que la forma de las cosas y que, a diferencia de Arenas, tiene un entendimiento mayor de las atribuciones políticas - pero nunca escritas - que ahora le competen.



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