Estados Unidos07.08.2017(0)
Los republicanos están preocupados por la obsesión de Trump con Obamacare
El partido del presidente quiere concentrarse en pasar la reforma fiscal en otoño, antes de que termine el año.

Una de las razones por las que los legisladores republicanos han mostrado tanta paciencia con Donald Trump es la esperanza de impulsar legislación. Es sabido también que parte fundamental de la agenda republicana es lograr recortes fiscales sustantivos para los financiadores del partido, millonarios como los hermanos Koch. De hecho, las versiones republicanas de Obamacare no eran más que recortes fiscales de miles de millones de dólares para la población más acaudalada del país.

En el calendario ideal de Trump, la reforma fiscal sería el segundo punto por lograr, justo después de pasar la reforma en salud. El problema es que los republicanos jamás lograron organizarse para pasar una nueva ley de salud. El presidente, quien prometió una y otra vez acabar con Obamacare durante y después de la campaña, ha insistido en no rendirse, y su obsesión con el tema ya preocupa a los legisladores de su partido, quien en otoño quieren concentrarse en la reforma fiscal y dejar el tema de salud en paz.

Trump amenazó con cortar los subsidios que el Gobierno brinda a las compañías aseguradoras. Su intención es forzar un desplome del sistema de salud de su predecesor y obligar a los demócratas a aprobar la propuesta republicana

Hace poco Trump amenazó con cortar los subsidios que el Gobierno Federal brinda a las compañías aseguradoras para mantener los mercados de seguros de salud a flote. Su intención es forzar un desplome del sistema de salud de su predecesor y obligar a los demócratas a aprobar la propuesta republicana de salud. El problema con esta idea es que -además de potencialmente dejar a millones de personas sin protección de salud-podría retrasar los esfuerzos de pasar una reforma fiscal, y convertirse en el segundo fracaso legislativo de este Congreso y de la administración Trump. Es la primera vez en una década que los conservadores controlan ambas cámaras y la Casa Blanca, serie imperdonable que cerraran el año sin lograr una sola pieza importante de legislación.

Mientras tanto, el presidente del Comité de Salud del Senado, el senador republicano por Tennessee, Lamar Alexander, ya se sentó con los demócratas para tratar de armar una versión bipartadista que repare las fallas de Obamacare y deje a los republicanos contentos.

"No vamos a regresar a [la reforma] en salud. Estamos con los impuestos ahora", declaró el senador republicano Orrin Hatch, presidente del Comité de Finanzas del Senado. "En cuanto a mí respecta, ellos desperdiciaron su oportunidad con salud y así son las cosas. Estoy harto del tema", sentenció.

El republicano Orrin Hatch lidera los esfuerzos en el Senado para impulsar la reforma fiscal de Trump

Para los republicanos la reforma fiscal presenta una oportunidad única: finalmente lograr pasar una pieza de legislación importante para presumir durante las elecciones intermedias del próximo año, donde corren el riesgo de perder, si no el Senado, la Asamblea de Representantes a manos de un Partido Demócrata con arcas llenas y mucha munición para atacarlos.

"Mayor acción en [la reforma de] salud sólo atraería más atención a un tema que está dividiendo a los republicanos y quitaría la atención al tema importante: los impuestos, que tiene la posibilidad de unirnos, pero va a necesitar la atención completa de los miembros [del partido]", declaró a Politico un funcionario de alto nivel en el comité fiscal.

Otro obstáculo para los republicanos es que, antes de la reforma fiscal, en este caso van a necesitar o aprobar el nuevo presupuesto para el siguiente año fiscal o conseguir el apoyo de los demócratas en el Senado.

En el Congreso de Estados Unidos existe un proceso legislativo llamado "reconciliación del presupuesto". Bajo este esquema, los senadores pueden aprobar legislación compleja con sólo 51 votos, es decir, una mayoría simple. El argumento es que se usa con legislación que afecte al presupuesto, cuya urgencia les permite librarse de la mayoría amplia (60 votos). El problema es que los republicanos ya usaron este proceso en su fallido intento por acabar con Obamacare, y sólo puede ser usado una vez por año fiscal. Es decir, tendrían que pasar el presupuesto del siguiente ejercicio fiscal para poder aplicar este atajo legislativo, o bien, conseguir el apoyo de una decena de senadores demócratas para aprobar su reforma fiscal. A un año de las elecciones en la Asamblea de Representantes, resulta difícil imaginar que los demócratas estén dispuestos a ceder, cuando tienen a sus contrincantes republicanos contra las cuerdas.

Aún se desconocen de qué se va tratar la reforma fiscal de los republicanos, aunque queda claro que incluirá miles de millones de dólares en recortes para sus principales mecenas. Trump prometió también recortes millonarios que supuestamente beneficiarían a sus bases, la clase trabajadora. Sea lo que sea que quieran pasar, los legisladores van a necesitar el apoyo total del presidente, y no queda claro si el disperso Trump esté dispuesto a hacerlo.

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