Sismo23.09.2017(0)
Viaje al final de la noche: crónica de la vida en la Ciudad tras el temblor
Por Jesús Pérez GaonaLPO pasó la noche en los albergues de los barrios más castigados. Cómo es la vida cuando se perdió todo.

"No son rumores, no llega la ayuda a Morelos", afirmaron ayer por la noche brigadistas de la Prepa 4. Hoy por la madrugada, en un convoy de unamitas, salieron rumbo al vecino estado del sur para repartir ellos mismos los víveres, cobijas y medicinas que han recolectado y reunido al interior de la Preparatoria Popular Mártires de Tlatelolco.

En la emblemática colonia Atlampa, una vistosa pancarta en la que se lee "Centro de Acopio y Albergue" preside la puerta de ingreso al inmueble con capacidad para alojar a 150 personas, y donde el profesor Agustín coordina las actividades. "¿Dónde están estos muchachos?", pregunta estruendosamente. "Seguramente mariguaniandose allá atrás", responde en broma.

Nos informa lo que más tarde confirmaremos en otros albergues. "Esto no es como en el 85. El refugio no ha sido usado sino por 10 o 12 rescatistas, que son los que vienen a cenar, bañarse (siempre les pedimos que se bañen), dormir y preparase para la jornada del día siguiente. Así ha sido desde la noche del martes, cuando ocurrió el temblor. Creo que eso le está pasando a todos los albergues", confesiesa el maestro, quien además anticipa el arribo de 40 personas de la colonia Narvarte "que solicitaron el apoyo porque sus edificios están inhabitables, aunque no se cayeron".

Esto no es como el 85, el refugio lo usan los rescatistas que vienen a cenar y a bañarse, siempre les pedimos que se bañen, explica el profesor Agustín que coordina las tareas en el albergue montado en una prepa de Atlampa.

De pronto, entre los murales de la residencia popular, un hombre como de 50 años sube hacia los salones con una tolla mojada en la mano. Nos enteramos que es una persona de la colonia Guerrero. "Oficialmente un damnificado", explica el profesor Taboada. El hombre eligie el silencio. "Me duele la garganta". Lo dejamos en el aula que a esta hora es sólo para él.

La noche como espejo de la Ciudad de México: colores fríos y nubes negras en medio de una tensa calma, a tres días del temblor que ya empieza a conocerse como el "Otro 19-S", en un macabro homenaje a aquella tragedia del 85.

Al recorrer el lugar, profesores y voluntarios recuerdan el último gran peligro tras el sismo: la rapiña. "Los policías no están porque fuimos alarmados en la tarde de que un tráiler estaba descargando víveres en carros particulares. Un vecino creyó que éramos nosotros, así que vino a saber qué pasaba. Los policías fueron y uno de los autos se arrancó, atropellándolos. Se dio a la fuga. Las autoridades ya fueron informadas de todo", comenta con el ceño fruncido un trabajador de la Prepa que prefirió no dar su nombre.

"Para lo que estamos funcionando incluso a más del 100% -continuó Agustín- es para el acopio. Capturar el apoyo y canalizarlo. La Prepa es especial: independiente del gobierno, que sólo nos envió a dos policías para vigilar la puerta. El apoyo viene directamente de la comunidad y de alumnos y maestros", afirma el maestro y agrega "no hay muchos colchones y faltan colchonetas, pero se está improvisando con las cobijas".

El refugio de la Condesa

 Esta búsqueda de la comodidad del sueño se vive con igual intensidad en la Casa Refugio Citlaltépetl (CRC).

En el vestíbulo, los niños corren, entre un escándalo de órdenes y repartición de tareas, paquetes que llegan y se van, y todos preguntando por "Dani", o escuchando a "Dani", o siguiendo a "Dani", el motor del sitio donde la Secretaría de Cultura capitalina abrió un centro de acopio, de distribución y de reposo.

Somos más bien como un nodo. Ofrecemos todos los servicios básicos a quienes lo soliciten. Y como estamos en una zona céntrica, podemos ser ese centro de traslado a otros centros, ese vaso comunicante.

"Somos más bien como un nodo. Formalmente no iba a ser un albergue, pero por la emergencia se tuvo que habilitar. Ofrecemos todos los servicios básicos a quienes lo soliciten. Y como estamos en una zona céntrica, podemos ser un vaso comunicante de traslado a otros centros", explica Elí Evangelista, quien agrega que la casona de la Condesa tiene hasta este fin de semana para enviar a los "pocos damnificados" a los 20 albergues oficiales habilitados para ello.

En estos días, el CRC organizó en calles aledañas conciertos con estudiantes del Ollin Yoliztli, para promover la solidaridad y pese a que "los rescatistas que llegan sólo quieren paz para recobrar energías", reconoce Evangelista. "Es que vienen bien tronados luego de estar el día entero en la chinga", agrega Benjamín Anaya, director de Divulgación Cultural.

Además de informarnos sobre el rescate y la donación de dos mil ejemplares de la biblioteca personal de Lorna Martínez Skossowska (la escritora que fue encontrada sin vida entre los escombros del edificio colapsado en Ámsterdam y Laredo), Anaya González reveló que quien fungió como "testigo solidario" fue el nieto de León Trotski, el cineasta Santiago Mohar Volkow. "En lugar de que a los libros se los lleve el carajo, se van a clasificar y donar", dijo.

En el ambiente del refugio no se respira el final (la conclusión de las obras de rescate). Al contrario, hay una voluntad que todavía muestra una fuerza que ansía desbordarse. Así lo testifica Óscar, quien estuvo en el multifamiliar Taxqueña junto a su madre y su tía. "Me confundieron con traductor árabe", confiesa risueño el estudiante de Física de la UAM. "Ahí estuvieron japoneses e israelitas. Empezaron a gritar: ´él traductor, un traductor´. Y en ese instante una chica me voltea a ver y grita que ya encontró al traductor árabe", añade el rescatista originario de Cuautitlán.

Varios sorbos al café después, un alumno de la Metropolitana elogia el trabajo de las cuadrillas de voluntarios cuya labor profesional -en su opinión- ha rebasado a los "ingenieros" o "arquitectos": "Los albañiles, los plomeros, los electricistas, los carpinteros, son los que se están rifando en los rescates en busca de sobrevivientes, y no sólo anotando en papelitos cómo levantan las ruinas para que todo regrese a la fea normalidad", critica.

Mucha gente se ha sentido olvidada, porque no llega la ayuda. Y es feo. No quisiera imaginar lo que se siente eso. Ahora con los robos y la rapiña, ya no confías y prefieres hacerlo de propia mano (aunque sea en mi bochito).

Desde Los Reyes La Paz, Estado de México, Cintia es otra voluntaria que junto a su esposo y tres hijos ha ido a entregar y recoger en varios puntos de la megalópolis, las donaciones: "En el momento de ayudar, uno no piensa si está lejos. Hay que apoyar, al ver que escasean los víveres y la medicina en varios lugares. No en todos los lugares hay ayuda. En Santa Cruz, Xochimilco, junto a mi hermana pude ver que las calles quedaron agrietadas y la ayuda es marginal. No tienen un albergue como tal".

"No hay que concentrar la ayuda en una sola área -recomienda la joven voluntaria que no parece rebasar los 25 años-. Mucha gente se ha sentido olvidada, porque no llega la ayuda. Y es feo. No quisiera imaginar lo que se siente eso. Ahora con los robos y la rapiña, ya no confías y prefieres hacerlo de propia mano (aunque sea en mi bochito). Y yo a donde voy, lo hago con mis tres niños. Ellos están ayudando, porque siento que es una buena escuela que se enseñen a ser solidarios".

Damnificados y sociedad civil

Aparentemente, la única con colchón era doña Aurora. Vecina de Manzanillo 45 en la Roma, la señora Joubert Princess Maldonado recibió una agradable sorpresa por su cumpleaños 90, para el cual los voluntarios le prepararon un pastel y le cantaron varias canciones.

Agradecida, contenta, gustosa, cantando con los chicos "Las Mañanitas" y "Hermoso Cariño", no deja de exigir que le sean restituidas sus casas a los afectados. "Vivienda, lo que quiero es vivienda. Pienso en mi hija, dónde se va a quedar",afirma sobre Brenda Ramos, trabajadora en activo de la Sederec, oficina a la que no ha podido regresar por el problema del departamento que compartía con su madre.

"Extraño mi teclado", agrega Ramos Joubert. "Es buenísima tocando el piano", confirma doña Aurora, quien hace unos días se resguardó de la noche en otro albergue. "Era una escuela", precisa mientras sostiene su pieza de sabor chocolate y recrimina a la familia de Margarita Zavala por acosar a los habitantes de un edificio del que fueron echados en 2013 "luego de un litigio que duró 10 años".

Doña Aurora cumple sus 90 años en un albergue.

Al despedirnos de la pareja de mujeres damnificadas, llegaron más bolsas y cajas para el centro de acopio. "Ninguna medicina ni alimento que necesite refrigeración", advirtieron tanto en Citlaltépetl como en Atlampa.

"Se sintió de la fregada, agarré a la perra de mi novio y bajé. Y desde las tres de la tarde del martes dije: ´tengo que ayudar, tengo que ayudar, tengo que ayudar´. Ayudé en Álvaro Obregón, y luego en otro lado, y luego en otro lado. Y cada vez caían más edificios y querían más ayuda, y yo quería ir a todos lados... Y de pronto llegué a las aguas, y luego de dejarlas, les pregunté: ´qué hago´. ´Pues ayuda y haz lo que puedas´, me dijeron. Y vi que todo mundo pasaba aguas y me uní a la cadena. Y me piqué, y me gustó, y me empapé. Y ver todo eso e involucrarte, te hace olvidar lo rudo que fue todo esto, y que sigue siendo".

Aquí llegas y hay mucha gente, hay güeyes con chalecos amarillos, chalecos azules, hay gente que obviamente se ve diferente, pero de algún modo nos entendemos.

Es Dani Duarte -no el Dani que todos buscaban o perseguían-, un maquillista que vive en el piso 15 de un edificio frente a Plaza Carso, en Polanco. Es un voluntario que llegó a Citlaltépetl en compañía de su prima por consejo de una chica brigadista en los escombros del edificio de Ámsterdam. Al lado de Cintia u otros voluntarios del Edomex.

"Aquí llegas y hay mucha gente, hay güeyes con chalecos amarillos, chalecos azules, hay gente que grita, hay gente que obviamente se ve diferente, pero de algún modo todos se entienden, nos entendemos", comenta.

"Cuidadanía" y "cuidadanos"

Los minutos pasan y, tras el breve festejo a doña Aurora, vuelve la calma en el improvisado dormitorio. Luego de un par de años sin dirección en el Consejo Asesor, el CRC dio la bienvenida el pasado 15 de agosto a Daniela Flores Serrano. A un mes de su designación, la joven dramaturga participó del horror, como el resto de los capitalinos.

"Ha estado muy difícil, la verdad. Como que hasta ahorita hago el recuento. Emilia, Brenda, Edith, Zaira, Domingo, los policías, comenzamos a trabajar desde la hora cero de la tragedia", explica Dani (la auténtica), directora de la Casa Refugio.

"Ni siquiera es que nos hayan dicho que se cayó el edificio de Ámsterdam y Laredo, lo encontramos caminando", comenta y recuerda que fue parte de los trabajos de rescate. "Cuando llegamos las primeras 50 personas tampoco teníamos muy claro qué teníamos que hacer, pero empezamos a quitar escombros. La ayuda llegó muy rápido", agrega.

Me parece que lo que ha pasado aquí ha sido un poco ese proceso de los cuidados, cuidar la vida entre cuidadanos. Desde una herida que se abrió y no sabemos cómo cerrar.

"Tengo una imagen muy clara del amanecer -comenta-, toda la noche pasó y veo el edificio derrumbado y estaba amaneciendo. Fue como la sensación de un tiempo suspendido, fue impresionante. Ni siquiera puedo explicarlo. Pero había que hacer, y todavía hay tiempo para hacer. Luego habrá que pensar, ahora sí, adónde nos va a llevar esto", dice Dani pensativa.

Y concluyó con un expresión de la poeta Gioconda Belli: "La cuidadanía. Me parece que lo que ha pasado aquí ha sido un poco eso, un proceso de los cuidados, cuidar la vida entre cuidadanos. Desde una herida que se abrió y no sabemos cómo cerrar, pero hay alguien ahí que reconoce: ´Estoy lastimado, estoy mal, pero estoy contigo´. Que nos duelan las heridas juntos y juntas".

Alguien, quizá no muy lejos, lee aquellas palabras de Bertolt Brecht mientras nos retiramos del refugio: "La lluvia no regresa hacia arriba, cuando la herida ya no duele, duele la cicatriz".

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