Alain Musset14.10.2017(0)
"Los edificios se derrumbaron por culpa de la corrupción"
Por Nicolás Eisler"Son construcciones en las que se utilizó mucha arena y poco cemento", denuncia el urbanista francés.

"Hace unos años pasé la mitad de mi ciclo como profesor hablando de la Guerra de las Galaxias y fue la mejor época de mi vida", comenta Alain Musset, que pese a ser un prestigioso científico, transita con soltura el look de "enfant terrible" típico del intelectual francés . Zapatillas y un chaleco decorado con un pin gigante de Valérian and Laureline, una historieta de la que admira su sombría visión del futuro.

Musset es director de estudios de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (ESHSS), una de las míticas "Grandes Écoles" de su país y llegó a Buenos Aires para participar en las jornadas sobre "Extractivismo Urbano" organizadas por el CEAPI y la Fundación Rosa de Luxemburgo, en Buenos Aires, donde lo entrevistó LPO.

"Es una separación completa entre clases sociales. Los que siguen en las calles y los que pueden volar", dice sobre el helicóptero como medio de transporte de las clases altas.

Musset conoce bien la Ciudad de México, donde vivió cuatro años y enfrentó el sismo de 1985. Sobre el más reciente, afirma: "Los edificios que se derrumbaron fueron aquellos de las décadas del '50, '60 y '70, porque eran malos edificios. Por culpa de la corrupción: había que ganar dinero haciendo construcciones más baratas. Usando mucha arena y poco cemento", sentencia.

-El Distrito Federal es una ciudad con más de 22 millones de habitantes, con 13 líneas de subte y Metrobús, pero los ricos continúan utilizando sus autos particulares. ¿Hay alguna forma de cambiar estas conductas?

-Ahora no, en el futuro no sé, porque habrá grandes problemas energéticos que volverán más caros los transportes a nivel mundial. Un colega me explicaba que el costo de transporte de los productos chinos pasó del 2% al 15% del valor del producto. Por eso , el "urban sprawl" o "expansión urbana" es algo insostenible.

Los edificios que se derrumbaron fueron los de las décadas del '50, '60 y '70, porque eran malos. Por culpa de la corrupción se buscó ganar dinero haciendo construcciones baratas, usando mucha arena y poco cemento.

-¿Volver a compactar las ciudades para que la gente se desplace menos?

-Sí, es algo similar al modelo de las ciudades europeas, que históricamente fueron compactas. El problema es que a partir de 1920 en EEUU con el desarrollo de los transportes regionales y el desarrollo del automóvil las ciudades se expandieron y los centros perdieron su vitalidad y legitimidad. La idea es reducir las distancias y los embotellamientos. El problema es que las clases altas no quieren mezclarse, aunque sea temporalmente, y van a seguir con sus transportes. Una opción, casi de ciencia ficción, es el helicóptero.

-En San Pablo está muy desarrollado.

-Me ha impactado el número de helicópteros que vuelan en el cielo y la cantidad de edificios con helipuerto. Las personas salen de sus condominios cerrados con el helicóptero y vuelan hasta sus edificios inteligentes. Hace unos años conocí uno que se llamaba "Robocop", parecía una caricatura. Es una separación completa entre clases sociales. Los que siguen en las calles y los que pueden volar. Empieza el desarrollo de taxias aéreos, pero ¿quién puede utilizarlos?. La diferencia social va a jugar un papel determinante en la organización de los transportes futuros de las ciudades futuras.

-Volviendo a México. ¿Existe otro modelo de transporte para un país que tiene casi 50 millones de pobres?

-Conozco muy bien los embotellamientos del DF. Viví cuatro años allí y el último año era mi esposa la que manejaba. Yo soy una persona muy nerviosa y ella muy tranquila. El problema es la pobreza. No debemos equivocarnos: no es la ciudad la que hace la sociedad, sino la sociedad la que hace la ciudad. La ciudad es la expresión física de un pensamiento, de una ideología y de relaciones de poder. Si eso no cambia, entonces no va a cambiar la ciudad. No hay nada que hacer en el mismo sistema. Si no cambia el sistema, los pobres seguirán excluídos del sistema de transporte.

-El sismo que azotó el DF fue mucho menos devastador que el de 1985. Las nuevas torres de la Avenida Reforma se mantuvieron en pie, sin embargo en los barrios más pobres las construcciones no resistieron el terremoto.

En México las leyes se obedecen pero no se cumplen, es algo que viene de la época de la colonia. Tal vez algunos edificios que se derrumbaron habían sido dañados en 1985 y reparados de manera artesanal.

-No estoy tan de acuerdo. Roma y Condesa no son barrios tan pobres, sino que de hecho son los barrios de moda, donde viven familias acomodadas. En 1985 vivía cerca del Ángel de la Independencia, una zona que no tuvo derrumbes pero fue afectada por el terremoto.

Los edificios más modernos no fueron afectados por el terremoto de 1985. La Torre Latinoamericana y la Torre Pemex eran muy buenas construcciones con un sistema hidráulico para mitigar los efectos de los movimientos. Los edificios coloniales no se derrumbaron, a pesar de las grietas.

Los edificios que se derrumbaron fueron aquellos de las décadas del '50, '60 y '70, porque eran malos edificios. Por culpa de la corrupción: había que ganar dinero haciendo construcciones más baratas. Usando mucha arena y poco cemento. En este caso no fue tan brutal el terremoto, habría que ver si los edificios que se derrumbaron habían sido dañados por el terremoto de 1985.

-¿Qué quiere decir?

-Después de 1985 se dictaron normas antisísmicas, pero las leyes se obedecen pero no se cumplen, es algo que viene desde la época de las colonias, así que tengo mis dudas. Tal vez que los que se derrumbaron hace una semana son edificios que habían sido dañados en 1985 y reparados de manera artesanal. Es una hipótesis que tendremos que chequear y analizar.

-¿Tendrá efectos migratorios este último sismo?

-A mi juicio no, de todas formas es un fenómeno de larga duración. La gente se va afuera, el DF poco a poco se vacía por muchas razones. La conflictividad, la vulnerabilidad, la contaminación. No creo que el terremoto vaya a tener un impacto muy fuerte para la evolución demográfica de la ciudad.

Después de 1985 hubo propuestas para cambiar la ciudad de lugar porque algunos decían que era un sitio peligroso. Lo que hicieron y sí fue efectivo fue mudar el Instituto de Geografía Nacional hacia Aguas Calientes. Como no podían tocar la geografía, movieron a los geógrafos.

No creo que haya grandes migraciones urbanas por el sismo. Después de 1985 se habló de cambiar la ciudad de lugar y no ocurrió. Lo que sí hicieron fue mudar al Instituto de Geografía a Aguas Calientes. Como no podían cambiar la geografía, cambiaron a los geógrafos.

-El DF hace 20 años era una ciudad acaso menos atractiva y hoy tiene muchas colonias que se están gentrificando con restaurantes, bares y tiendas hipster como Roma, Condesa y hasta la Juárez, más allá de las siempre ricas como Polanco o Lomas de Chapultepec ¿Qué opina de este proceso?

-No estoy completamente de acuerdo. El centro histórico de la ciudad tuvo y sigue teniendo un encanto particular, la Zona Rosa en los años '70 y '80 era el lugar de los de moda, después fue Polanco, pero no tanto para los espacios de ocio, sino para que viviera la burguesía. La gentrificación jugó un papel importante hasta en el centro histórico de la ciudad.

-¿Qué ocurre hoy?

-Para hablar de actualidad, el barrio para la burguesía alta es Santa Fe, al este de la ciudad en la carretera a Toluca. Es el lugar en donde todo se hace. Ocurre algo muy divertido, hace 30 años era un lugar espantoso, el relleno sanitario más grande de México, con centenares de recolectores que trabajan en la zona. Además, tenía el núcleo urbano de la Ciudad, con el primer hospital de indios fundado por Vasco de Quiroga en el siglo XVI. Vaciaron parte del basurero, desalojaron a los recolectores y se volvió un lugar de primera categoría. Las ciudades siempre cambian, siempre se transforman y se convierten en ciudades museo y ese es el peligro. Hay una tensión permanente entre la necesidad de la preservación y la necesidad de la innovación. Es algo que puede impactar en todas las ciudades. Para cambiar algo en París, siempre hay lío. La alcaldesa Anne Hidalgo propuso construir torres ecológicas en terrenos que están vacíos en el sureste de la Ciudad... Cuando se edificó la Torre Eiffel dijeron lo mismo, que era una abominación, una cosa espantosa y hoy es el símbolo de París. Tenemos que avanzar hacia el futuro.

-Usted afirma que la Guerra de las Galaxias puede ayudar a entender las ciudades del futuro, ¿cómo es eso?

-De manera general toda la ciencia ficción puede ayudarnos a entender cómo son las ciudades actuales. La Guerra de las Galaxias es un fenómeno completamente globalizado y por eso podemos usarlo para comprender. Hace unos años pasé la mitad de mi ciclo como profesor hablando de la Guerra de las Galaxias. Fue el momento más interesante de mi vida como profesional. Igualmente no me refiero a las película sino a partir de los libros, de los dibujos animados, video juegos y de las historietas. Coruscant, la capital global de la Galaxia, retoma todo lo que existe en nuestras ciudades globales. Tiene una visión muy crítica de las ciudades, igual que la ciencia ficción.

-¿En dónde encuentra las similitudes?

-En la desaparición de los espacios públicos o la apropiación del sector privado de todo lo que consideramos el "bien común" de la ciudad. Hay una diferencia entre las clases pobres y las clases ricas, que en nuestra sociedad son horizontales. En Europa los ricos se ubican el centro y los pobres en la periferia, mientras que en América Latina hace 40 o 50 años las clases ricas se ubican en los barrios cerrados o countries. En Star Wars las diferencias son verticales, los más ricos viven en la parte alta y los más pobres, abajo. Pero sigue siendo una diferencia espacial, unos viven cerca del sol y los pobres en la oscuridad. Es algo que ya aparece en la película Metropolis, de Fritz Lang.

-¿Comparte el pesimismo que tiene la Ciencia Ficción con las ciudades, creé que tienen fecha de vencimiento?

-Sí, las civilizaciones tienen fecha de vencimiento. Muchas civilizaciones que se pensaban inmortales desaparecieron. Sabemos que vamos a desaparecer, pero vivimos como si no fuera el caso. Las ciudades van a desaparecer o se van a transformar. No tendrán las mismas características ni las mismas formas de sociabilidad. Estamos en una evolución constante que se hace cada vez más rápida, sin embargo vamos a seguir con las ciudades porque son los lugares en donde se concentran las sinergias que le permiten al ser humano ser el mismo.

-¿A qué transformaciones se refiere, qué ciudad identificaría como una ciudad del futuro?

-Se habla mucho de las Smart Cities, no sólo en Emiratos Árabes sino también en Corea del Sur, también de barrios inteligentes en algunas ciudades del mundo. Tengo mis dudas al respecto para quién va a ser este futuro. No todos vamos a poder ingresar en esas ciudades inteligentes, por capacidades intelectuales, físicas o económicas. Las personas que no tengan esas capacidades serán excluidas tal como lo son ahora. La innovación es una palabra mágica de la ciudad neoliberal, en el futuro vamos a crear distritos tecnológicos pero con las personas implicadas en el proyecto. Los demás estarán en la periferia. Centros inteligentes y periferias hacinadas con personas marginadas de las buenas condiciones reservadas para la burguesía del futuro.

-¿En qué momento o lugar de la ciudad se mezclan las clases sociales?, ¿Es diferente en Europa y América Latina?

-En París no hay centro histórico como existe en México DF, Quito o el resto de las ciudades de América, incluido Estados Unidos. Eso ocurre porque el centro ha perdido su legitimidad y su sentido cuando la burguesía lo abandona. La burguesía deja el centro cuando pierde su valor político o económico, entonces adquiere un valor histórico. En París o Roma no hay centro histórico porque la burguesía se quedó en el centro.

Ricos y pobres se pueden encontrar en el mismo espacio por una necesidad, como en el Metro. Pero no se mezclan. Por eso prefiero hablar de emulsión social, como la vinagreta, al final el aceite y el vinagre se separan.

-¿Cómo interactúan?

-Siempre se habla de los espacios públicos como los lugares privilegiados para la mezcla social, pero yo no creo que haya mezcla social. Los grupos sociales se pueden encontrar en los mismos lugares en momentos dados porque hay una necesidad, pero no estarán en la misma posición. El uso del espacio es diferente: lo que para una persona es un lugar de paso para otro puede ser un lugar de vida. Por eso prefiero usar emulsión social en lugar de mezcla social. Pensemos en una vinagreta, que es una mezcla de aceite y vinagre. Cuando la ponemos en un frasco parece una mezcla heterogénea, pero después de un tiempo los componentes se separan. Es lo que pasa con los espacios públicos, son un lugar de co-presencia, no de mezcla.

-¿Es lo que sucede en el Metro?

-Exactamente. Estamos confinados por nuestro frasquito que es el vagón, pero cuando se abre la puerta, cada uno va para su lado. No creo que los más ricos de Buenos Aires vayan a tomar el metro. Al principio, cuando se planificó el metro parisino, las estaciones no salían de los límites de la Ciudad, para no entrar en los suburbios peligrosos con comunistas. Ahora traspasaron las fronteras simbólicas de la Ciudad y entran en barrios más populares.

-Distintas ciudades de Latinoamérica, como Buenos Aires, Río de Janeiro o Medellín, han lanzado planes urbanizar e integrar las villas a la Ciudad, ¿qué piensa?

-El problema de la integración y de la inclusión es fundamental. Durante décadas los gobiernos de todas las ciudades de América Latina buscaron expulsar a los habitantes de las villas. Conozco bien el caso de Medellín. Ahora los arquitectos y urbanistas se dieron cuenta de que era una mecánica peligrosa que generaba conflictos. La nueva política de la ciudad capitalista con cara humana es integrar a los habitantes en el tejido urbano formalizado e incluirlos en la sociedad "normal".

-¿Qué inconvenientes presenta el sistema?

-Mejora las condiciones de los habitantes y eso está muy bien. Hay infraestructuras, hay aportes económicos muy importantes de los gobiernos, pero los habitantes siguen con los mismos recursos propios. Lo que noté en Medellín es que cuando mejoran las condiciones, con el teleférico por ejemplo, suben los precios del suelo y del alquiler. Los habitantes más miserables no pueden quedarse en el lugar o venden sus casas. Los más pobres se ubicarán en zonas más periféricas.

-¿No alcanza con el título?

-Cuando la gente muy muy pobre consiguen algo propio como el título de propiedad, pero continúa recibiendo los mismos recursos, los vende y pierde su legitimidad en el lugar que ocupaba. Es una manera de desalojar sin usar la fuerza, porque los habitantes se auto expulsan. Además felices de la vida porque sacaron un pequeño beneficio del desalojo.

-Pero en el lugar va a seguir viviendo gente pobre.

-Depende. Si las empresas privadas que se encargan de la renovación urbana manejan bien el asunto, pueden quedarse con todo el conjunto para llevar a cabo su proyecto de "reconquista urbana". Es un fenómeno de gentrificación que encontramos en las partes más codiciadas de la ciudad.

-Hace poco entrevistamos a Jordi Borja que defiende las urbanizaciones de villas. ¿Qué diferencias tiene con él?

-Tengo mucha admiración por Jordi Borja. Sin embargo, es una persona con dos caras, como en Star Wars. Un lado oscuro y un lado luminoso. Cuando leo sus textos estoy completamente de acuerdo con él. Tiene una visión crítica de la ciudad capitalista, sus referencias son muy similares a las mías. Pero en la práctica es uno de los actores y autores del modelo Barcelona, que es un modelo muy criticable. La transformación de la ciudad ha tenido un impacto muy fuerte para las clases populares en los barrios más antiguos de la ciudad. Como pensador es una persona completamente libre, pero como urbanista es otra cosa.

El sociólogo Jean Pierre Garnier suele decir que los arquitectos son por naturaleza los agentes del poder, pues obedecen a los que pagan por sus obras.

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